Los ojos de la Ciudad

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Ellos y nosotras 

En una de esas pláticas nocturnas que acostumbro a tener con mis amigas, salio a relucir un tema que no puede faltar en cualquier conversación, pues es algo que tanto a los hombres y las mujeres nos aquejan es ¿Qué esperan ello o ellas? El gran sueño de la seducción femenina es la continuidad en el amor, y es que somos seres que viven enamoradas del amor. Por el contrario del sexo masculino encontramos una discontinuidad en el placer sexual, con esto no quiero decir mis queridas lectora que en nosotras no exista el erotismo y placer sexual. Pero la relación amorosa antecede al placer y al erotismo, nosotras encontramos la nobleza en la generosidad del amor, vemos al amor como algo intrínsicamente moral y para ellos el placer significa entrega, don, altruismo. El amor en toda su extensión de la palabra tiende a producir la fusión de dos individuos, las mujeres deseamos más que nada eso una “unión”, nos enamoramos perdidamente y tendemos a olvidarnos de nuestro alrededor, de la fe de todo, somos similares a los terrorista, por cruel que sea esto: ellos quitan la vida, pero no razonan ideas. Es decir nosotras nos enamoramos y perdemos la razón. Por el contrario el placer que el hombre busca no tiene estas cualidades, se presenta como fantasías, obligando a considerar al otro ser como un fin y nunca como un medio. Esto quiere decir que el deseo masculino es plenamente erótico y busca la satisfacción propia. Muchas veces hemos escuchado que el hombre busca la satisfacción de la mujer en el encuentro sexual o en las relaciones de pareja, sin embargo lo que en realidad buscan es su placer “se desea el placer de la mujer para llegar al propio placer” sus placer es egoísta y va a partir del goce propio. Si un hombre con novia siente atracción erótica por una mujer, no duda en acercarse a ella en plan de ligue, pero jamás la buscara como novia, pues cuenta con ese placer que lo tiene asegurado. Claro dentro de todos estos cuestionamientos existe también el cuestionamiento social, del cual no nos podemos desprender. Tenemos que el placer solo es permitido cuando no se tiene compromisos, es decir a quienes no cuentan con una relación estable, no hay un acuerdo entre las personas. Por ello el placer se vive siempre fuera de las instituciones, fuera de la aceptación social, esto significa quedar a merced de la atracción, de la seducción del objeto. Un hombre llevado por el deseo, el íntimo, esta poseído, corre tras todas las cosas, pero no dejara nada en cambio, la mujer llevada por el amor lo dejara todo sin importar nada. Ya que la mujeres encarnamos nuestras fantasías eróticas y no responsabilizamos al hombre de nuestros deseos, tomamos la decisiones por que así lo deseamos, pero el hombre no, él culpa a la mujer de su deseo, nombrándola la causa de su erotismo. Muchos hombres traicionan a su esposa, amante, pero no por que busque o tenga a otra mujer, mas bien buscan no traicionarse a ellos mismo, buscan no traicionar su libertad, para sentirse fuera de la posesión amorosa, de un control. Hasta la mentira y el disimulo se deben ver desde esta perspectiva, pues para ello esto es un recinto que guarda un zona protegida por amores y deberes, tiene el sabor de la libertad caprichosa “la libertad de la irresponsabilidad”. La libertad del erotismo masculino, rechaza lo que le desagrada, le ofende o le irrita. Quiere y pretende tener el derecho a siempre poder elegir, elogiar, recompensar a quién le procura placer y poder apartar, quién no se lo procura.Desde luego que también las mujeres hacemos una operación similar, pero nosotras tendemos a recurrir aun terreno social y económico. Una mejor puede resolver ir a cenar con un hombre porque es importante, o puede casarse por dinero, es entonces en donde se pone entre paréntesis las cualidades desagradables de la mujer, pues ya no le interesa el amor, sino simplemente un bienestar social. Pero casi nunca el beneficio sexual como los hombre, por mas bello, masculino o viril que sea el cuerpo del hombre, para las mujeres puede ser igualmente erótico el glamour del hombre, su forma de hablar, un carro, mis queridas y queridos lectores no quiero decir que seamos interesadas, pero es cierto que nosotros tenemos un nivel de erotismo supraterrenal y que no siempre concebimos con el cuerpo del otro, sino con su alrededor. A veces, a la figura del amante la eligen entre los dos, a veces solo uno, es como esa típica frase que todos hemos dicho alguna ves “en una relación siempre hay uno que quiere mas”. El otro se adapta a este rol o puede pasar que los dos estén enamorados, peor uno de ellos conservara el rol de amante para evita que el amor invada toda la existencia y cree una nueva cotidianidad, haciendo la relación aburrida. Uno de los milagros en la relaciones eróticas masculinas es el de la confianza total y el abandono que solo tienden al placer, sin ninguna obligación o compromiso. Esto no difiere en nada de la amistad. Pero el modo de obtener la paz erótica no es la profundización intelectual, la confianza, la revelación típica de la amistad. Es; en todo caso, el encierro, el silencio, la moderación, la discreción. Solo la enorme discreción en todos los demás ámbitos permite el desenfreno erótico, por ello es difícil darnos cuenta cuando es una amistad y cuando una relación en potencia con posibilidades de amorío. Las mujeres solemos confundirnos en estos aspecto, pues creemos que entre mas cerca tengamos al hombre que nos gusta, mayor es la posibilidad que tenemos, pero en realidad es todo lo contrario, el hombre, busca una lejanía con la mujer por no dejar de ser libre y mantiene una discreción, porque de verdad la desea. Es un error pensar en el erotismo masculino como rebelión, ya que es propio del hombre y de sus movimientos y, por lo tanto del enamoramiento. Para el hombre seducir no significa provocar una emoción indestructible, tampoco quiere decir que no le guste ser objeto de la seducción. Pero prefieren ser ellos quines nos conquisten. Hablar del lo que ellos y nosotras queremos es una historia sin fin, pero siempre que nos pongamos a pensar uno del otro, tenemos que tener encuentra que el hombre y la mujer tiene diferencias absolutas y muchas veces no ven el mundo del igual manera. Nosotras podemos querer algo muy serio y ellos pueden desear lo contrario o viceversa, ellos pueden desearnos y nosotros solo los vemos como amigos. La relaciones son así un riesgo consecutivo donde nadie nos asegura tendremos lo que deseamos, pero muchas veces es mejor intentarlo y ver solo que pasa.

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